¡Sigue el cable!

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Relato finalista del certamen «Ciéncia-me un cuento» 2021. Organizado por SRUK/CERUK (Society of Spanish Researchers in the United Kingdom).

TEXTO POR FERNANDO ANTOLÍN MORALES
ILUSTRADO POR GINA MARTÍNEZ
ARTÍCULOS | KIDS
CIÉNCIA-ME UN CUENTO | ENERGÍA | FÍSICA
28 de Octubre de 2021

Tiempo medio de lectura (minutos)

Marina tenía ojos como platos
de mirar la tele sin descanso alguno.
Solo algunas veces encontraba ratos
para cena, almuerzo, sueño y desayuno.

En su cabecita no se imaginaba
poder divertirse sin mirar la tele,
pero un apagón que nadie esperaba
dejó todo a oscuras. ¡Eso sí que duele!

Con una cerilla, encendió una vela
para investigar cuál era el problema.
Ni padres, ni hermanos, ni nadie en la escuela
le habían hablado antes de aquel tema.

Había mil cables, primero vio el rojo,
también uno verde y otro amarillo.
Después de pensarlo se llenó de arrojo
y empezó a seguirlos desde su pasillo.

¿De dónde vendría toda esa energía
para que se activen bien los aparatos?
¿Cuál era el secreto? ¿Qué ocurriría
para que funcionen horno y lavaplatos?

Siguió el cable rojo fuera de su casa,
recorriendo valles, bosques y montañas.
Para descubrir qué es lo que pasa,
llegó a algunas zonas de lo más extrañas.

El cable acababa abajo en un río
sobre el que se alzaba una enorme presa.
¡El agua caía con fuerza, con brío!
¡Es esa energía la que se procesa!

Ahí, una experta con bata magenta
la energía hidráulica le explicó a Marina
y esta, satisfecha, se fue muy contenta
y regresó a casa con hambre lupina.

Comió muy veloz, pues tenía prisa,
por continuar con el cable verde.
Como se manchó su vieja camisa,
tuvo que cambiarse y casi el bus pierde.

Este la llevaba, así era su ruta,
siguiendo el trazado del cable esmeralda.
La frenada fue... ¡en seco! ¡Tan bruta
que casi Marina se queda sin falda!

Una chimenea tan alta, tan alta,
que casi le hacía cosquillas al cielo,
se erguía gigante y casi hace falta
tener telescopio si miras del suelo.

Un humo muy negro salía de arriba
y por otra puerta entraba carbón.
¡Ahí está la clave! ¡Ahí es donde estriba
el secreto oscuro que es la solución!

Un sujeto enjuto, calvo y espigado
con bata muy larga de color pepino
le ilustró a Marina con tono pausado
la energía térmica con detalle fino.

Bailando y saltando regresó inquieta
por ver dónde iba el cable azulado.
Aquella sería su próxima meta:
resolver aquel enigma endiablado.

Esta vez salió sobre sus patines
corriendo fugaz siguiendo aquel cable.
Como adelantaba galgos y mastines
llegó hasta su origen en tiempo impensable.

El cable se hundía en un gran molino
con tres aspas blancas de increíble altura.
Marina, aguda, descubrió con tino
que el viento ofrecía energía pura.

Se abrió una compuerta. Surgió, diminuta,
la jefa de ciencias de aquella central.
En bata celeste y mirada astuta
la energía eólica le explicó genial.

Volvió pronto a casa y siguió otro cable.
Decidió esta vez probar el marrón.
En su bicicleta, de brillo impecable,
llegó en diez minutos. ¡Vaya carrerón!

Conectado estaba, el cable seguido,
a un panel muy liso orientado al sol.
La idea genial llegó en un latido:
¡Del sol, energía fuera de control!

Un joven científico con bata caoba
surgió allí de pronto y, sin avisar,
aclaró a Marina todo lo que engloba
la energía esa que llaman solar.

De nuevo ya en casa antes de acostarse
un último cable decidió seguir.
Su madre empezaba ya a preocuparse
y en coche ella misma la fue a conducir.

Casi era de noche y el cable violeta
seguían atentas con dificultad.
Los faros del auto con luz muy discreta
las guiaron lejos de aquella ciudad.

Como era de noche no veían nada,
solo un edificio grande e increíble.
Al estar aislado, pensó preocupada:
¿Fuente de energía? ¿Será esta invisible?

Un hombre muy viejo con traje morado
le explicó que a escala casi diminuta
existen los átomos, que están muy cargados
de energía pura, grande y absoluta.

Aprendió atenta que hay materiales,
que en su corazón tienen gran poder.
Energía, dicen, tienen a raudales.
Nuclear la llaman, pudo retener.

Por fin, en su cama, descansó orgullosa.
Soñó con centrales y halló inspiración
para hacer más cosas y ser más curiosa:
¡ver un poco menos la televisión!

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